
Más de tres millones de peregrinos ya han pasado por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. En la mañana del sábado 29 de marzo de 2025, también cruzó la puerta un grupo de Misioneros y Misioneras de la Consolata, procedentes de las comunidades de Roma y Nepi, en Italia, que deseaban vivir el Jubileo en familia.
Por Jaime C. Patias*
La peregrinación comenzó a las 8:30 en la Plaza Pia, entre el Castillo de Sant’Angelo y Via della Conciliazione, donde el grupo se reunió y recibió la cruz en medio de la multitud de fieles procedentes de todo el mundo. El mismo fin de semana (28-30 de marzo) tuvo lugar también el Jubileo de los Misioneros de la Misericordia.

El Superior General, Padre James Lengarin, IMC, explica el significado de este evento. “Es una oportunidad para reunirnos y caminar juntos, como quería San José Allamano. Por lo tanto, es un momento para orar en comunión, para salir de un lugar que conocemos en nuestras vidas y cruzar el umbral para adentrarnos en un misterio que nos lleva a la esperanza. Tenemos muchas cosas buenas que agradecer al Señor, especialmente por la canonización de nuestro Padre y Fundador”. Con esto, según el Padre James, la Familia de la Consolata desea “dar un testimonio verdadero y creíble al pueblo de Dios en el mundo y, de esta manera, atraer a jóvenes convencidos de sacrificar su vida al servicio de la humanidad. Esta es la esperanza que anida en el corazón de cada uno de nosotros: servir a la humanidad como Dios nos ha servido”.

La peregrinación es un símbolo del camino de la vida. Oraciones, himnos, salmos y reflexiones acompañaron a los peregrinos a lo largo de la Vía della Conciliazione, atravesando la Plaza de San Pedro hasta la Puerta Santa para experimentar el amor de Dios que consuela, perdona y da esperanza. Dentro de la Basílica, hubo otro momento de oración y la bendición final con la posibilidad de recibir el sacramento de la reconciliación ofrecido por los sacerdotes en los distintos confesionarios.

“Como comunidad misionera, nos preguntamos si estamos viviendo de manera concreta la esperanza que nos ayuda a interpretar los acontecimientos de la historia y nos impulsa a un compromiso con la justicia y la paz, el consuelo, la fraternidad y el cuidado de la Creación”, comentó el Padre Ashenafi Yonas Abebe, uno de los organizadores del evento. La presencia de las dos Direcciones Generales nos hizo sentir en comunión con los misioneros dispersos por el mundo que siguen la misma cruz, ancla de esperanza y signo de entrega. Además, nos sentimos acompañados desde el cielo por la fila de misioneros que, junto con las Beatas Irene y Leonella, sembraron esperanza y consuelo con su vida desinteresada.

También nos acompañó nuestro Santo Fundador, quien exhortó: “Ensanchemos nuestros corazones a una esperanza viva. No debemos solo esperar, sino súper esperar, esperar contra toda esperanza. Cuando se espera poco, le estamos fallando al Señor, el que quiere que todos los hombres se salven. ¡Al Señor le gusta mucho que creamos en su bondad, en su misericordia! Por lo tanto, ¡tengamos mucha esperanza, mucha! ¡En Ti, Señor, he esperado, jamás seré defraudado!” (Así los quiero, n. 91).

La misionera brasileña, Hermana María Atília Colet, MC, se mostró emocionada. “Esto es muy hermoso. Durante el viaje de Nepi a Roma, sentí una gran emoción al pensar que la misericordia de Dios nos alcanza de una manera tan poderosa. Y esto no es solo para nosotros, sino para todo el mundo en el que vivimos como misioneros de la Consolata”.
Para el joven ugandés Richiard Baguma, estudiante de teología del Seminario Bravetta, “la peregrinación fue muy hermosa y enriqueció nuestra fe y nuestro espíritu de familia al encontrarnos y caminar juntos. Estamos seguros de que la esperanza no nos defrauda. Por lo tanto, debemos creer en Dios y avanzar con esta certeza que nos trae paz, amor y unidad.”

La Hermana Celia Cristina, MC, misionera argentina en Yibuti, comentó: “Fue un momento de gracia en el que nos acercamos a las diversas realidades de las misiones en el mundo. Trabajo en Yibuti, pero recordé especialmente Oriente Medio y recé para que la paz y la fraternidad regresaran lo antes posible, como pide tan a menudo el Papa Francisco. Esta experiencia puede unirnos con el mundo musulmán. Estamos en Cuaresma, ellos en Ramadán y nos sentimos unidos en la oración”, concluyó.

La misionera keniana Sor Gladys Karigi Nduma, MC, que trabajó en Colombia, vivió la peregrinación como una oportunidad para reavivar su fe. “A menudo he oído decir que la Iglesia en Europa se estaba muriendo. Hoy, al ver a tanta gente pasar por la Puerta Santa, he cambiado de opinión y doy gracias a Dios por esta vitalidad. Es una llamada a continuar este camino de crecimiento en la fe”.
Abdisa Dawit Shifera es etíope y estudiante de la comunidad de Porta Pia. “Venimos de diferentes lugares y la oración nos ayuda a afrontar muchos de los problemas del mundo, así que oramos por la paz, por nuestras congregaciones, por la Iglesia y por la salud del Papa Francisco. Me alegra estar aquí, porque llegué a Roma hace solo diez meses y hoy vivo este Jubileo, que para nosotros es un año de mucha oración y penitencia”.

El Jubileo se llama Año Santo porque tiene como objetivo manifestar el amor de Dios y promover la santidad de vida, como quería San José Allamano. Se expresa sobre todo a través de los signos de la peregrinación, de las indulgencias y de las obras de misericordia, que se resumen simbólicamente en el paso de la Puerta Santa. La Familia Consolata tuvo esta gracia.
* Padre Jaime C. Patias, IMC, Secretaría de Comunicación.